Cazador cazado.


En la mañana me despertó el ruido que los perros hacían comiendo y gruñéndose mientras despachaban los pequeños cuerpos de las crías del jabalí  que mataron en la noche, ya habían acabado con tres y al lanzarse sobre otro les di un grito, quietos…
No hicieron caso y mi maza voló hasta el costado del macho que con un aullido de dolor, se postró en el suelo con mirada amenazadora, en mis planes del día no figuraba la caza y quería tener esas reservas de alimento…
Después de saciar nuestra sed en el arroyo, nos pusimos en marcha hacia la otra cueva donde tuvimos el encuentro con los hombres, mi plan se iba a poner en marcha por que no podía dejar con vida a ese hombre que me había amenazado de muerte…

Al llegar a la cueva, comprobé la trampa que en forma de un gran agujero cavado en el suelo y unos palos con puntas clavado en el fondo, nos habían proporcionado más de una suculenta comida de los incautos animales que pisaban sobre los ramajes que la cubrían, sin saber que allí encontrarían la muerte.
Las ramas habían cedido y al acércame oí los lamentos de un hombre que pedía auxilio,
Oiga... ¿Quién está ahí? Sáquenme por favor…al acercarme al borde el hombre palideció… Tuuu, asesino, te mataré hijo de perra…mis risas sonaron como truenos en la tormenta...
Agachándome sobre el agujero, le aseste un golpe seco con mi maza que lo dejo sin sentido, aunque sé que no tendría muchas oportunidades de salir de allí con uno de los muslos atravesándole de parte a parte…

Me acerqué a la cueva a recoger el cráneo de la niña cubierto en parte por restos de piel y pelos ensangrentado y sus enormes ojos azules mirando al infinito…lo llevé donde estaba el hombre y lo clavé sobre una de las picas cercanas a él, me senté en el borde a esperar que se despertara de la anestesia que le había producido mi certero golpe, quería contemplar su cara y no me defraudó.

Al abrir sus ojos, contempló a menos de medio metro y a la altura de su frente, el cráneo de la niña con los ojos que parecían mirarle y un grito atenazo su garganta sin que lo pudiera escuchar, o quizás yo no lo escuché porque mis carcajadas superaban al sonido de su terror…el hombre miraba a la niña y a mi alternativamente como si no creyera lo que estaba viendo, la cabeza de su hija clavada en una estaca y el monstruoso asesino disfrutando y riéndose, pondría todo su empeño en salir de ese agujero y despellejar vivo a ese hijo de puta que se había ensañado de forma tan cruel con su hija…

La noche se acercaba como una maldición que mermaba las esperanzas del hombre de salir de allí y el verdugo de su hija cubría la visión del cielo con ramas y troncos más gruesos. La pierna le dolía y se sintió desvanecer a la vez que se escuchaban los ladridos de los perros cada vez más lejos…antes de perder el conocimiento sonrió, tenias que haberme matado bastardo.

Estuvo inconsciente más de tres horas y al despertar, se renovaron sus esperanzas y su determinación de salir de allí para dar caza a esos tres engendros vomitados desde las entrañas de algún demonio. Agarrado a una pica consiguió desclavarse y subir por otra hasta el borde, el ver las estrellas, le confirió fuerzas para salir con solo un objetivo, despellejar vivo a ese bastardo aunque fuera lo último que hiciera en esta vida...De mi novela Venganza salvaje, para seguir leyendo pulse aquí.

Las mujeres y la cocaína...


Rebeca fue a primera hora de la mañana a la oficina constructora propiedad de su marido para hablar con él, no había dormido en su casa ni había llamado y se sentía preocupada.
Le atendió Alejandra, una secretaria sin estudios ni conocimientos para estar atendiendo un despacho que requería de conocimientos técnicos e interpretación de planos para asesorar a los clientes.

Es la primera vez que veía a Alejandra que miraba la pantalla de un ordenador con unos planos que a juzgar por la expresión de su rostro, pareciera se había perdido por el laberinto de su blusa estampada.
Buenos días, ¿está don Emilio? ¿De parte de quien por favor?, soy su mujer...
Alejandra titubeo y en su rostro quedaba patente un gesto de contrariedad, un momento por favor, se dirigió a uno de los despacho y sin llamar entró...
Dándole un beso en la boca después de cerrar la puerta del despacho, le dijo que estaba allí su mujer, don Emilio se puso blanco, hizo amago de dirigirse a la puerta trasera para salir y ella le dijo que no, que tenía que afrontar la situación y le dijera que era su amante...

Le dio una fuerte bofetada diciéndole, tu estás loca puta de mierda, no olvides que estás aquí sin hacer nada porque me sale más barato que ir cada noche a la güisquería para verte y pagar por tu salida... con lagrimas en los ojos se encaminó a la puerta trasera del despacho y se marchó del edificio.
Emilio salió del despacho para ver a su mujer a la que calmó con mentiras de haber estado trabajando toda la noche para terminar un presupuesto que tenía que entregar.

Salieron a tomar café y ella le preguntó al marido que quien era la nueva secretaria que le había atendido y que no volvió a ver, le contestó que solo estaba de prueba. Estando sentado en la terraza de la cafetería, Rebeca hizo señas al marido en dirección a la acera de enfrente... ¿no es esa tu secretaria?...si es ella.
¿Y por qué va a entrar en ese club de putas?...no tengo ni idea ni me interesa...la despediré.

Rebeca ya más tranquila se despidió del marido y se fue a su casa, en cuanto se marchó, el se dirigió a la güisquería y se fue directamente hacia donde ella alternaba con un cliente en la barra, la tomó del brazo y tiró fuertemente de Alejandra, ven aquí puta...el cliente intentó separarla de él y sin mediar palabra lo tumbó de un puñetazo...tu no te metas y lárgate de aquí si no quieres más. La bajó al sótano y con una señal a una de las mujeres tocándose la nariz, le acercaron una bandeja de plata con cocaína...le dio a esnifar antes a ella una buena raya y se sirvió el otra, a la segunda raya estaban abrazados y parecían la pareja mas enamorada de la tierra, cuando se terminó le dijo, tú tienes tu trabajo de secretaria conmigo y no quiero verte aquí más.

El vicio de los dos, estaba mermando la capacidad de la empresa y cada vez se encontraban con más problemas económicos y menos trabajo. Frecuentaban el antro donde le proporcionaban la cocaína y eso hacía que sintiera continuos celos por los antiguos clientes de ella que no dejaban de agasajarla y ella disfrutaba con ese juego haciéndole sentir cada vez mas deprimido...

Habían cogido un apartamento junto y el cada vez iba menos a su casa, a su mujer la tuvieron que ingresar quince días por trastornos nerviosos y las cosas se pusieron aún peor para él cuando su amante murió de una sobredosis, para empeorar su vida, hacienda lo embargó...

Emilio llegó un día a su casa como un gato escaldado y con lagrimas en los ojos le pidió perdón a la mujer que ya sabía todo el asunto por mediación de un empleado de la constructora...
Ella no quiso escucharlo y le pidió la separación diciéndole que no podía volver a vivir bajo el mismo techo que él, el daño que le había hecho era irreparable...él le dijo que si le pedía eso se suicidaría y Rebeca encogiéndose de hombros se metió en su cuarto.

Vivían en una casa de dos plantas y al escuchar un fuerte ruido desde su dormitorio, salió al pasillo de la planta superior y don Emilio colgaba del cuello de la lámpara central, se sentó en una silla mientras lo miraba patalear hasta quedar sin vida mientras el, con los ojos muy abiertos moría mientras miraba la frialdad de su mujer...

Esta historia es absolutamente cierta y conocí a los protagonistas...solo he cambiado los nombres... De mi novela Todas las mujeres son iguales, para seguir leyendo pulsa aquí.

Quererte y olvidarte y Como me duele, sonetos


Para ya no quererte y olvidarte
mi vida se convierte en paradoja:
árbol que se desprende de la hoja
para que le renazca en otra parte.

Resulta inevitable recordarte
cuando anhelo probar que no se aloja
tu recuerdo en mi mente que te arroja
para luego sonámbulo buscarte.

Ya no quiero quererte y cuando invento
la forma de mi pecho ya expulsarte,
te adoro más y más en ese intento.

Te olvido recordándote y,aparte,
no dejo de quererte ni un momento:
¿tendré ya para siempre que adorarte?
Qué añoranza me da tu lejanía:
cómo me duele recordar ya triste
que en una realidad te convertiste
cuando eras mi amorosa fantasía.

¡Cómo me duele recordar el día
que mis archivos del silencio abriste,
dolor de un alma que de amor heriste
la noche que en tu lecho fuiste mía!

Cómo me dueles tú, me duele tanto
tu ausencia, tu silencio, ya no verte
y tu sensual sonrisa con su encanto

Me duele no dejar ya de quererte,
me duele tanto amor que no sé cuánto
es esto vida y cuánto ya es la muerte.





















El soneto es cultivado por los principales poetas, como Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Calderón de la Barca, Sor Juana y Cervantes. Este último utiliza variantes, como el soneto con estrambote o el soneto dialogado...Para saber mas pulse aquí.

24 centímetros...


Sancho y María, era un matrimonio joven que apenas llegaban a la treintena y muy apuestos, llevaban una vida sexual activa y cualquiera que los observara podían sin duda asegurar que se querían mucho, los gestos de cariño siempre estaba presente entre los dos y sobre todo esa forma de mirarse que tenían y que es tan importante entre las parejas, porque los ojos transmite mucho más que las palabras. Los ojos pueden transmitir ternura, amor, irritación, dolor y toda una serie de sentimientos cuando las palabras están vacías.

En una conversación entre los dos, María le dice...chato, se que te gusta mi cuerpo, pero mira que pechos más pequeños, daría cualquier cosa por que fueran más grandes porque se que a ti te gustan hermosos... pero sabes que por nada me metería en un quirófano para agrandarlos...

Él le resta importancia al asunto diciéndole que no se preocupe, que le gustan como están, pero al momento empieza a tener una erección pensando en la camarera de tan generosos pechos con la que se acuesta lunes y jueves desde hace seis meses...Ella insiste y se da la vuelta en la cama poniéndose boca arriba, ¿no ves?
a mi misma me encantaría poder acariciar mis pechos si fueran generosos y a veces hasta miro los de otras mujeres deseándolos...el la mira sorprendido y le pregunta...¿acaso te gustan las mujeres?...no he dicho eso, solo que a veces he pensado eso por ti y por mi...

A el se le ocurre una idea, ¿por que no pruebas con otra mujer a ver qué te parece la experiencia?, yo no tengo miedo que me dejes por que se que me amas y que te gusto. Ella se queda pensativa y tocándose los pechos dice, pues sería una excitante experiencia poder acariciar unos firmes y generosos, pero no conozco a nadie...no te preocupes, yo conozco a una mujer hace tiempo y podría hablar con ella a ver qué le parece... ¿Harías eso por mi chato?, que no voy a hacer yo por ti palomita...pero María le advierte que sus celos no le permiten aceptar que él esté con otra mujer y que solo sería una experiencia de ella con la otra, no te preocupes, yo te la traigo el sábado solo para ti...

Desde el momento en que entra el sábado por la noche en casa del matrimonio a cenar y María ve ese escultural cuerpo apenas cubierto por una minifalda negra y una escasa blusa blanca semitransparente, María se vuelve loca de impaciencia por hacer causa de esos pechos y los pezones que pugnan por atravesar la blusa ante las miradas de deseos del matrimonio...Loli, que así se llama el objeto de deseo de los dos le pregunta a María, ¿sabes porque estoy aquí?, si, se lo pedí yo a mi marido y aunque jamás hice nada parecido, quiero comprobar si solo es un capricho pasajero o es mi fijación por los senos grandes.
Pues ahora terminemos de cenar y después yo te sacaré de esa duda...

Al terminar de cenar, se llevaron las mujeres los platos a la cocina mientras Sancho preparaba unas copas, María le pregunta a Loli, ¿de qué conoces a mi marido?, ella le contesta que es camarera de un bar al lado de su trabajo y que se hicieron amantes hacia seis meses...María contuvo el dolor que estaba experimentando, pues jamás hubiera pensado que su marido le pusiera los cuernos, pero con la frialdad de una mujer, pensó inmediatamente en su venganza...en cuanto se tomaron la copa, María levanto a Loli y allí mismo le quitó la blusa y la falda y con la mano en su trasero la encaminó hacia el dormitorio mientras volvía la cabeza para decirle, tu hay quieto so cabrón...el se quedó con los ojos muy abiertos sin comprender.

Se había quedado dormido en el sofá y no se enteró de cuando Loli se marchaba de la casa, vio a su mujer salir desnuda hacia la ducha y le preguntó, ¿qué tal te ha ido chata?...ummm, delicioso. El fue a abrazarla y ella se excuso diciendo que estaba muy cansada y desde ese día,  no volvió a hacer el amor con su marido por que había acordado con su nueva amante verse los lunes y jueves a la misma hora que lo hacía Sancho.
El salir desnuda, formaba parte de su nueva estrategia de excitarlo para parar sus ardores sin dejar que la tocara...en la ducha sonrió y pensó, Sancho, no sabes la que te espera...

María se estaba cansando del asunto con Loli porque al fin y al cabo su acalorado refugio reclamaba ser ocupado y empezó a frecuentar los ambientes transexuales, pensó que podía sentirse más completa si llenaba ese deseo continuo de disfrutar con unos generosos pechos mientras se sentía buena samaritana cobijando en su interior a un sin ojos... porque para estar dentro no lo necesitan...

Conoció a Ester, una rubia de piernas interminables y unos pechos adorables que no eran producto de la silicona, pero sí de las hormonas  y por primera vez se sintió completa cuando tuvo el placer de sentirse entre sus pechos mientras algo enorme le hacia las delicias entre sus muslos...

Ya se sentía preparada para culminar su venganza y se encaminó a la casa de su marido, lo llevó frente a el para presentárselo... esta es mi nueva amante, espero que te guste, primero le quito la ajustada camiseta que sujetaba lo que apenas podía sujetarse por que pugnaban por salir, dos hermosas preciosidades con unos pezones impresionantes que desafiaban a la naturaleza...Sancho se quedó con la boca abierta y la cerró de golpe cuando su mujer levantaba la falda de Ester y bajándole las bragas dejó al descubierto 24 centímetros de algo que parecía no haber existido nunca y allí lo tenía delante...lo dejó desnudo presentando armas y mirando a su marido dijo, voy a por mi ropa y tocando su trofeo comentó, no dejes que ese guarro te toque...De mi novela, Todas las mujeres son iguales...para leer completa pulse aquí.

Una marcha peligrosa...


Corría el mes de octubre de 1932, cuando la comitiva puso rumbo al interior de la sierra que aparecía ya nevada, Lucrecia era la única mujer del grupo y tenía razones poderosas, ella era la madre de esa bestia que nunca tuvo que haber nacido, puso solo una condición, nadie excepto ella podía dar muerte a ese ser,…ella se encargaría de eso. Conduciría al grupo hasta la cueva donde dejó a su hijo. Solo Javier y Eva, sabían que Lucrecia era su madre.

La cueva estaba a más de un día de dura caminata con tiempo bueno, pero las circunstancias eran muy adversa por una sierra sin caminos y nevada, no cesaba de caer el agua nieve que le impedía la visibilidad y dejaban sus manos, pies y rostros entumecidos, tuvieron que hacer varias paradas para descansar y calentarse.
Antes del anochecer, comprobaron en una cueva y la encontraron vacía, en esa cueva solía invernar un oso pardo…era amplia y se instalaron en ella para pasar la noche, un generoso fuego los mantendría calientes y a salvo de animales.

Los despertó temprano una exclamación en el exterior de la cueva, Mierda, ¿quién pudo hacer esto? , el asno que llevaba las provisiones, aparecía descuartizado como si unos cuantos osos los hubiera atacado.
Todo el tronco del árbol donde estaba amarrado, aparecía cubierto de sangre, se notaba en el rostro de la gente la preocupación y el miedo, uno sentenció…si hicieron esta barbaridad en completo silencio, podían haber acabado con todos nosotros…

Lucrecia pidió calma y la necesidad de seguir con la misión, indispensable para la seguridad de todos en la aldea y su tranquilidad. Tomaron un rápido y frugal desayuno y se pusieron en marcha de nuevo bajo una intensa nevada.

El día fue durísimo para todos, no estaban suficientemente preparados para el intenso frío y esa cantidad de nieve que les dificultaba cada paso que daban, aunque tomaron toda la ropa de abrigo que había en la aldea, eran gente muy pobre que carecían de muchas cosas básicas…pero su determinación en la empresa que tenían por delante, les armó de valor para llevarla hasta el final. Descansaron solo una vez a las tres de la tarde para tomar alimentos y enseguida se pusieron de nuevo en marcha.

La nieve les dio una tregua y consiguieron llevar un ritmo más rápido aunque siempre mermado por los treinta centímetros de nieve que había bajo sus pies. A las seis de la tarde, advirtió Lucrecia que la cueva ya no estaba muy lejos y se pararían a descansar, la sierra estaba plagada de cuevas y guaridas muchas abandonada y en una de ellas que parecía todo lo confortable que una guarida puede ser, se dispusieron a cenar y a pasar la noche.

Por la mañana se despertaron sin ningún contratiempo…aunque eso se truncó cuando Andrés el carpintero que se había echado a dormir a la entrada de la cueva para vigilar, había desaparecido sin dejar rastro,  no había signos de violencia ni manchas de sangre pero Andrés no aparecía por ningún sitio…De mi novela, Venganza salvaje...para leer completa pulse aquí.

Te equivocaste pájaro de nido y Te acordarás de mi. sonetos

Te equivocaste pájaro de nido,
errores que la vida no perdona,
así que abre tus alas y abandona
lo que nunca te habrá pertenecido.

Pero antes de que hubieres ya partido,
con flores de tu llanto confecciona
tejida con tu amor una corona 
y luego deposítala en su nido.

Y al horizonte ve a desvanecerte,
sabiendo que ya nunca habrás de verla
si acaso en el recuerdo hasta la muerte.

Quimérica ilusión, perdida perla,
que pudieras por ella enloquecerte,
pero jamás... jamás aborrecerla.
Te acordarás de mí desde tu invierno,
cuando ninguna leña quite el frío
y que las aguas de mi andante río
se hayan revuelto con el mar eterno.

Te brotará desde lo más interno
taciturna o feliz, recuerdo mío,
tal vez inútil, o quizás tardío,
del que te amó hasta con amor paterno.

Alguna vez será: yo sepultado
mientras tú continuando por la vida,
pues va mi calendario adelantado.

Así será, mas no porque lo pida,
que bastará que me hayas recordado
para seguir a mi cariño unida.

Ojala que llueva fruta en tu campo. Poema de amor

Ya llovió café en el campo
pero para tu campo quiero
que llueva manzanos dorados
y mi amor desde tu cielo,
dulces como piloncillo
maduros como mi amor,
tiernos como el algodón
igual que tu corazón.

Que hoy quiero retratar
un poema delicioso
donde tu seas la estrella
sentada en un campo hermoso
y que tu mis ojos veas
el brillo que llevo dentro
y que tu alma se mueva
de este sueño prodigioso.
Ya no lloverá café, 
lloverá fruta madura
para que el cielo te bañe
de mi pasión y mi dulzura...

Ojalá que llueva hoy
sobre tu campo temblores
con el sabor a mis gemidos
y olores a hermosas flores.

Yo me acercaré a tu vera
y a besos te comeré
como a esa fruta madura
que cae sobre tus pies...

Siéntate bajo el manzano
y con tus ojos cerrados
siente lo que yo te quiero,
porque estoy enamorado.

Para ti crayolita




















La cueva de los huesos


Siguieron por el monte hacia la cueva donde Lucrecia había dejado su hijo abandonado, un kilómetro antes de llegar a esa cueva, se encontraba la de los perros donde había caído Javier en un pozo trampa con estacas en el fondo, esa cueva no la conocía Lucrecia, cuando llegaron no había nadie y al entrar se horrorizaron del espectáculo tan macabro…el suelo estaba cubierto de huesos y restos de animales y entre ellos algunos eran humanos.

La cueva presentaba en su entrada las mismas características que la otra donde vivían los animales y el hombre, una entrada camuflada por la que había que pasar muy agachado, se encontraba detrás de unos matorrales de jara con espinas y hojas resinosas propia de esa zona de la sierra.

Acumularon los restos en un rincón y limpiaron la zona para disponerse a comer y descansar un rato para preparar las armas con las que contaban para dar caza al hombre y sus animales. Unos ladridos, alertó a los centinelas que avisaron a los compañeros de que tenían compañía, Lucrecia se asomó al exterior y pudo ver como a doscientos metros colina arriba, un hombre y dos perros acechaban a un jabalí, mandó a todos silencio para no alertarlos de su presencia tan cerca de ellos y poder conseguir la sorpresa en la cueva del hombre y sus animales.
En su rostro había tristeza y lagrimas, al fin y al cabo ese era su hijo, pero también tenía la responsabilidad de acabar con un ser tan sanguinario como ese.

El jabalí estaba acorralado contra una encina y los perros atacaban desde los lados mordiéndoles el lomo, un aullido de dolor de uno de los perros apagó, el sonido de los ladridos, el hombre alzo su maza y la descargó con furia sobre una hembra joven que apareció por su costado derecho y la fulminó al momento, los perros dejaron al peligroso jabalí a una orden del hombre, ya tenían su comida y no se iban a arriesgar con ese enorme macho con colmillos de veinte centímetros que te podía abrir en canal con un movimiento de su cabeza…
Se echó su trofeo de caza sobre el hombro y se dirigieron a la cueva, todos se pusieron en tensión esperando el encuentro, pero el hombre y los perros a unos cincuenta metros del sitio de la cacería, giró a su izquierda para dirigirse a la otra cueva donde estaban los dos cachorros que tenían ya la altura de un perro adulto.

Por el momento el grupo se quedó tranquilo y decidieron pasar el resto del día descansando y tomando fuerzas para lo que sabían seria un duro enfrentamiento, no podían entrar en la cueva con esos animales dentro, tenían que hacerlos salir y prepararles unas trampas en el exterior. Lo que más le preocupaba a Lucrecia, era el grado de inteligencia que podía tener su hijo, pues aunque con ese aspecto tosco y abominable, podía haber desarrollado un ingenio suficiente como para darles un disgusto a todos, incluso acabar con sus vidas…aunque ellos eran trece, no podía subestimar la naturaleza salvaje a la que se enfrentaban.

Algo que ignoraba Lucrecia y el grupo, era que el hombre merodeaba continuamente por la aldea en busca de alguna victima que se acercara al río, había visto los preparativos de los aldeanos y a prudente distancia para que no lo descubriera, siguió su marcha hasta cobrar su primera víctima, el asno que tenían en un árbol amarrado. La segunda víctima fue Andrés el carpintero que haciendo guardia cerca de la entrada de la cueva, desapareció sin dejar rastro, Andrés estaba sirviendo de entretenimiento a los feroces colmillos de los cachorros…

Lucrecia se acostó preocupada, presagiaba que las cosas no iban a salir como esperaba...De mi novela, Venganza salvaje que pueden leer completa pulsando aquí

Un rayo de luz....


¿Cuántas veces se ha sentido tan desesperada una mujer en la desolación de un matrimonio mal avenido como consecuencia de la actuación de un marido falto de comprensión y respeto?...

Esta cuestión la puede contestar toda esa legión de mujeres que saben perfectamente de que estoy hablando… Y cuantas veces, han deseado que un rayo de luz, ilumine el camino que la saque de esa senda tenebrosa en la que se están moviendo y que llegan a tal nivel de oscuridad que desean todo termine...

Para ti que has pasado o estas pasando por esta situación escribo esto, si la has pasado para que nunca lo olvides, porque aunque las puertas de un pasado doloroso hay que cerrarlas, nunca hay que olvidar lo que te llevó a ese estado en el que te encontrabas. Y a ti que estas pasando por esta situación, para que busques con todas tus ganas ese rayo de luz que ilumine tu sendero.

Aunque esta novela por historias que estoy escribiendo se titula, Todas las mujeres son iguales, aquellas que habéis leído los anteriores capítulos, os habréis dado cuenta que el titulo no se ajusta a la realidad y era mi intención desde el principio, para precisamente destacar que no todas las mujeres son iguales, por que cada historia se soluciona de una forma diferente y cada mujer es un mundo...

Aunque mis historias se centran en mujeres, esta de un rayo de luz es aplicable tanto a ellas como a los hombres y confieso que en más de una ocasión, yo he necesitado la luz entera del universo para mí.
Estoy convencido, que precisamente las personas que más profundamente hemos estado en la oscuridad y hemos salido de ella, somos los más sensibles para comprender las emociones ajenas y mas empático a la hora de poner en los sentimientos ajenos toda nuestra comprensión. 

Por mucho que lo deseemos cuando estamos en la penumbra, ese rayo que necesitamos que nos alumbre, no se enciende solo, es algo que tenemos que buscar en nuestro interior con las esperanzas puestas en que lo veremos con los ojos del alma.

Seguramente, hoy esta entrada es pura retorica porque yo no doy soluciones, ni tampoco las tengo para aquellas que están sufriendo la deslealtad de esos hombres que tenían que llenaros de felicidad y amor, pero si se una cosa, yo a veces he descubierto ese rayo de luz, del más mínimo comentario que he leído o alguna reflexión bien intencionada de un buen ser humano que te muestra solo la punta del hilo de una bobina para que tu tires y desenmarañes todos los pensamientos positivos que hay detrás en el carrete...

Te deseo que jamás te sientas a oscuras...De mi novela Todas las mujeres son iguales que pueden leer completa pulsando aquí.

Ángel Reyes Burgos

Carnicería en la aldea...

Antes de que amaneciera, conocedor de las intenciones de los aldeanos, el hombre tomó a sus bestias para poner rumbo a la aldea que se encontraba desprotegida, allí solo había un hombre de guardia, siete mujeres y tres niños, todos se habían congregado en dos chozas contiguas para minimizar en lo posible el peligro si los hombres no tenían éxito en su empresa. Sin carga y más ligeros que los aldeanos, en doce hora estaban a la entrada de la aldea, era las 18.00 hora y ya estaba oscureciendo, se apostaron a las afuera a esperar que todos estuvieran durmiendo.

El hombre que vigilaba fuera de las chozas, intentaba quitarse el frío a base de orujo, la fuerte bebida pudo con él y se quedó profundamente dormido…es lo que esperaba ese bestia para ir hasta donde estaba y descargar su maza con tanta violencia que le aplastó el cráneo dejando parte de los sesos al descubierto, el vigía ni se enteró…
Entró en la choza más cercana con su perra favorita y ese engendro que tenían por hijo, al andar caminaba erguido y tenía ya la altura de su padre, solo cuando corría lo hacía a cuatro patas.

Al macho lo envío a la otra choza con la hembra joven, tan sanguinaria como su padre y sus hermanos…los gritos de las mujeres y los niños siendo mordidos y golpeados solo me podían hacer recordar al infierno de Dante. Los perros no mataban inmediatamente, se limitaban a morder y desmembrar para que murieran desangrados y aterrados por el dolor, las mujeres fueron las que sufrieron más por ser más consciente de lo que le estaba sucediendo y morían con el terror dibujado en sus rostros.

No se comieron a sus víctimas, el hombre no se lo permitió, quería dejarles un claro mensaje a los aldeanos si conseguía regresar alguno, porque sus intenciones eran las de acabar con todos.

A la mañana siguiente en las cercanías de la cueva, Lucrecia seguía teniendo ese mal presagio sin saber aún lo que había sucedido en la aldea, preparó al grupo y se fueron directamente a la entrada de la cueva, era muy peligroso entrar y prendieron fuego a la zarza espinoso y cubierta de resina que ardía con facilidad, producía mucho humo por la humedad, todos se apostaron con las armas que tenían delante de las llamas esperando que el humo los hiciese salir, las llamas se consumieron, el humo se disipó y de la cueva no salió nadie, esperaron tres horas mas con los rostros contrariados hasta que Lucrecia se atrevió a entrar con muchas precauciones, pero esas precauciones eran innecesarias por que la cueva estaba totalmente vacía…

Lo más peligroso para el grupo era quedarse en ese sitio a esperar a que volvieran y Lucrecia propuso ir a la otra cueva y dejar a dos hombres apostados a lo lejos para avisar al grupo si esos asesinos regresaban, en cualquier caso, los hombres tenían que regresar al grupo al anochecer…Un búho entró en la cueva con una ardilla enganchada en sus garras, estaban a una hora de la media noche y el presagio de Lucrecia se materializó en ese búho, veía en sus grandes ojos, dos hombres gritando de terror mientras eran devorados por unos perros, supo que jamás los vería con vida…de mi novela, Venganza salvaje que pueden leer entera aquí.

Vanesa, la dama de azul....

Vanesa solo se casó una vez con un naviero de cincuenta y seis años, Pancho, de origen mexicano y afincado en Sevilla, más feo que pegarle a un padre y con las redondeces exageradas de estar comiendo todo el día burritos y tomando cerveza.
Era un buen tipo, empezó de la nada construyendo pequeños botes con sus propias manos, una vida de plena dedicación a su trabajo le hizo aumentar el tamaño de sus barcos  y se trasladó a la bahía de Cádiz donde construyó su propio astillero.
El nunca pensó en el matrimonio, tenía suficiente con las visitas continuas a los prostíbulos de los que era un ciudadano V.I.P.

En los primeros escarceos amorosos con Vanesa, ella tuvo que contener más de una vez las ganas de vomitar cuando la besaba, por dentro intentaba convencerse que ese sacrificio merecía la pena y aguantaba el tipo como podía. Pensaba que tenía que hacer de tripas corazón para llevar a ese primo hasta el altar…Leonora siempre le recordaba que ese era su objetivo principal…ese y despacharlo pronto al otro barrio…

Pancho dijo si quiero a los siete meses de conocer a Vanesa y se sentía el hombre más afortunado de la tierra, aunque su mujer le dijo siempre que era virgen y ella gritaba de dolor cuando Pancho intentaba emular a don quijote con su lanza en ristre…gritaba y paraba las embestidas de Pancho que desesperado, volvía a sus recorridos nocturnos para engrasar su lanza…

El naviero ya no trabajaba en sus barcos, pero si le gustaba inspeccionarlo como buen constructor que desea todo esté en perfectas condiciones. Visitaba en el dique seco la zona de babor de su ya casi terminado barco, un andamio colgante se desprendió cayendo al vacío y Pancho terminó viajando por el túnel de la luz mientras escuchaba estas son las mañanitas a los mariachis que había junto a San Pedro…Pancho parecía un burrito relleno de tomate esparcido por el suelo...

El diagnostico oficial fue, muerte por accidente. El cableado del cuadro eléctrico de un servo freno que mantenía el andamio sujeto, se había fundido por un corto circuito…
El jefe de electricista de su naviera recibiría su recompensa, aunque no duró lo suficiente para poderla cobrar, Lucrecia le encargó el trabajo a un Serbio muy discreto bien recomendado y se ahorró ciento sesenta mil euros, que por supuesto iban a las arcas de Lucrecia que era como una caja registradora…

Vanesa reclamó su cuerpo y se lo trajo a su casa de Sevilla, algunas manipulaciones
no del todo legales, le permitieron embalsamarlo y llevarlo al salón de trofeos de la mansión de Lucrecia…

En la comisaría central sevillana, en la unidad especial de homicidios, un agente tenia sobre su mesa tres nombres para investigar, Lucrecia, Beatriz y Vanesa, pronto añadiría dos nombres más a esa lista. 

El senador seguía con sus prismáticos y sus grabaciones, que con ayuda de un miembro del servicio secreto, se trasladaron al interior de la mansión de Lucrecia…pero había zonas inexpugnables de la casa, donde no pudieron acceder a colocar vigilancia.

La policía entrevistó a Don Tomás para averiguar algo de lo que podía saber de su anterior protegida Lucrecia, pero el senador se mantuvo firme en que no sabía nada y no volvieron a molestarle…el político millonario,  tenía sus propios planes…de mi novela Las damas y el té de las 5, para leer completa pulsa aquí.

Por la tarde iré a verte...

Cuando el crepúsculo puntual despierte,
iré por esos ámbitos a verte
con las locas pupilas de mis ansias.
Y mientras tanto, quiero que a ponerte
en tus labios de raras excitancias,
vayas, una sonrisa esplenderosa.

No les pongas pinturas ni fragancias,
ni pongas en tus labios otra cosa
que sólo tu sonrisa deliciosa.
Cuando la tarde se diluya inerte
despilfarrando estrellas en su muerte,
con el iris febril de mis antojos
iré, por ese cosmos, para verte.

Y mientras tanto, quiero que a tus ojos
no les pongas ninguna maquillada,
ni sombras negras ni postizos rojos,
sino exclusivamente tu mirada
que salga a tus sonrisas enredada.

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No le pongas un moño a tu cabello
y deja que resbale por tu cuello
fantástico y oscuramente lacio,
insinuando ternuras su destello.insinuando
ternuras su destello.

Nada le pongas, porque yo despacio
le pondré mi caricia de artesano,
para dejar que escape en el espacio,
que escape tu cabello soberano
en medio de los dedos de mi mano.

Cuando la tarde en el poniente baje,
iré a buscarte en medio del celaje,
entre excitantes ilusiones preso.

No quiero que les pongas maquillaje
a tus mejillas rosas, pues para eso,
con el tersor de osito de peluche,
yo les pondré un altitonante beso
envuelto con deliquio en el estuche
de su chasquido, que hasta Dios lo escuche.

Un cuadro macabro...


Lucrecia era la señora más anciana de la aldea, nariz aguileña y cara acartonada que le confería un aspecto de marioneta…, partera, boticaria y bruja, aunque solo por sus artes de mezclar pócimas que hacía con yerbas medicinales, jamás hizo daño a nadie y no le importaba lo que los demás pensaran…
Muy temprano en la mañana, fue a la choza de Eva, le llevaba una infusión para fortalecer el decaído ánimo de su joven amiga y futura madre, pasaba por malos momentos desde que su hija desapareciera y su marido se fuera a buscarla al monte con tres aldeanos más.

Llamó a la puerta de la choza y nadie le contestó, la empujo y estaba abierta, lo que vio la perseguiría toda su vida…su amiga abierta como un cerdo, no tenia cabeza y sus pequeños habían desaparecido, se acercó tambaleante hasta el cadáver y se arrodilló tomándole una mano, pero mi niña, ¿Qué te han hecho?, sus ojos se anegaron en lagrimas, un sollozo entrecortado era la música que acompañaba a la muerte…

Salió de la choza como si ya el tiempo no existiera, fue hasta el centro de la aldea donde colgaba la campana  y la hizo sonar de forma insistente, incluso con todos los aldeanos cerca, ella seguía tocando ajena a lo que le rodeaba, su sobrina la abrazó por detrás quitándole la soga de la campana, ¿pero tía, que pasa? Señaló a la choza de Eva, está muerta, la han rajado como si fuera un animal…se levantaron murmullos y algunos gritos de miedo, iban a dirigirse a la choza cuando Lucrecia le pidió que no fueran, quedaros con la belleza de su vida, no la fealdad de su muerte…

Manuel el herrero alzo la voz, yo vi a Javier ayer discutiendo con Eva, ella lo agarraba, no le dí importancia por que se volvió a marchar a la sierra, pero me quedé pensando en que no habíamos visto por aquí a los tres que le acompañaron a buscar a su hija y no tenemos noticias de su hija ni de los hombres…en esa partida estaba el primo de Eva que se decía también era su amante, su marido los pilló en la cama…

El comentario, cayó como una semilla en tierra abonada y creció en forma de sospecha como una espada de Damocles que se cernía sobre la cabeza de Javier, los murmullos arreciaron y pronto empezaron a sacar conclusiones…

-Javier se ha vuelto loco con la desaparición de su hija y mató a sus compañeros…
-Si ha tenido que ser así y ahora ha vuelto a matar a su mujer y de nuevo se marchó.
-Pobre Javier, los celos lo han hecho perder el juicio…

Era una aldea tranquila, quizás demasiado tranquila para la condición humana y tenían servido con esas conjeturas la semilla de una venganza contra un hombre que todos conocían por su bondad. Intentaron ponerse de acuerdo para hacer un grupo de búsqueda para darle caza, no prosperó porque en realidad no se sentían amenazados.
Decidieron reforzar las puertas con troncos de maderas y quedarse dos hombre vigilando la aldea por la noche, enterraron a última hora de la tarde a Eva, el dolor en sus rostros era sincero y las lágrimas brotaron espontáneas.

La noche llegó irremediable como llega la muerte, sin belleza, en ese lugar perdido entre montañas, donde solo el sol le confiere la humanidad necesaria para sobrevivir.

Se encaminaron a sus chozas para descansar, pero hay un espectador que no descansa…Este es el capitulo 8 de mi novela Venganza salvaje que pueden leer aquí.

Mariposa de mil flores...

De mil flores gozaste, mariposa,
y de todas, sus pólenes libando,
con esa libertad maravillosa
del lepidóptero que va volando.

Entonada victoria, dulce canto,
mientras te dure el vuelo de las alas,
porque el placer, por mucho, nunca es tanto,
cuando son tan efímeras las galas.

Tú, de miles de flores, pero acaso
¿no has pensado que allí donde te posas,
que cada flor donde quedó tu paso
también ya recibió mil mariposas?

La vida no perdona y a tu vuelo
alguna vez lo vencerá el agobio:
las flores seguirán mirando al cielo,
y tú sin una de ellas, eso es obvio.
Al ave de su jaula al liberarla
volará abandonando su ostracismo,
ingenua la postura de esperarla,
que volverá, creyendo, a donde mismo.

Y acaso si en sus aguas se abandona
donde el torrente arrastrará al navío,
¿flotando tornará a la misma zona
que lo alejó una vez el mismo río?

Así se alejarán todas tus flores
aunque las cuentes y hayan sido miles,
ninguna volverá por tus amores,
no tiene el calendario más abriles.



Para leer más pulse aquí

Recuerda mis besos, poema de amor

Recuerda mis besos 
los dado y los ausentes 
todos los soñados 
y los que están presente. 

Si alguna vez estas triste 
quiero que los recuerdes 
si tu pecho se oprime 
y me lleves a tu mente... 
Son esos hermosos besos
que tu boca a mi me ha dado
que en medio de torbellinos
a mi alma ha aplacado.

Que tus besos en la tormenta
fueron los mas apasionados
y abrieron todas las puertas
a mi corazón enamorado.











Un beso crayolita

Alto jornal, poema al trabajador

Dichoso el que un buen día sale humilde
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien
empuña su aldabón, y no es en vano.

Claudio Rodríguez García (Zamora, 30 de enero de 1934 - Madrid, 22 de julio de 1999) fue un poeta español.​ Enmarcado en la Generación del 50, recibió a lo largo de su vida los más importantes galardones de poesía en España, y su primer libro (Don de la ebriedad, 1953) ha sido valorado por la crítica como uno de los más brillantes de la lírica española en la segunda mitad del siglo XX...Para saber más pulse aquí.
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