La jauría sometida.


Después de un breve descanso, Javier se puso a preparar lo que necesitaba, los grandes clavos de hierro, los trozos de alambre de espino, cuerdas de escalada, dinamita y las herramientas, Lucrecia rellenaba trozos de carne de burro con el potente narcótico fabricado por ella. Con un punzón clavado en el suelo, hicieron un agujero del tamaño aproximado del grueso de un cartucho de dinamita, la introdujeron dentro y con una mecha lenta para darse tiempo a alejarse, la hicieron estallar. Un diámetro aproximado de un metro del techo de la cueva se desplomó en el interior, los perros aullaron asustados y el salvaje increpaba y maldecía con la maza en alto mirando hacia el techo.
La primera fase había terminado, esperarían tres días para la próxima…

El hambre empezó a cambiar el comportamiento de los animales y el hombre al segundo día, se enfrentaban continuamente y el salvaje intentó matar con su maza a la hembra de mastín  que parecía la más vulnerable, la perra se coló entre sus piernas y le dio un tremendo bocado en uno de sus gemelos, el  hombre se sentó gritando de dolor…
Javier sabía que todo estaba dispuesto para la fase final que dejó para la mañana siguiente.

Por la mañana temprano, echó Javier toda la carne dentro de la cueva, la fiereza del hombre y los perros en la competición por comer más, ponía los pelos de punta.
En menos de diez minutos, todos estaban dormidos…
Hasta el momento, Lucrecia no había querido asomarse a la cueva, no quería ver a su hijo, Javier se deslizaba por una cuerda para bajar y ella le cubría la espalda desde arriba con la escopeta por si había algún contratiempo, sus ojos se empañaron, se secó con dureza y siguió vigilante…Le echó una mochila con lo que iba a necesitar el hombre.

Javier sacó primero la maza de mano y los grandes clavos, puso al salvaje boca arriba con los miembros abiertos, a medio metro de sus extremidades los clavó y a continuación  ató el alambre de espino a los clavos y a sus miembros bien tensados.
Hizo la misma operación con las otras bestias. Cuando terminó, volvió a subir a la superficie por la cuerda y se sentó junto a Lucrecia para consolarla. Otra espera…

Pasearon por los alrededores, sobre todo por la gran afición de Lucrecia a la botánica y especialmente a .todo tipo de raíces o yerbas medicinales. En un cepo encontraron un conejo de campo atrapado y pensaron en hacerse un buen asado para comer.
Hicieron fuego, limpiaron el conejo y lo rociaron con un poco de vino y especias, tendría que saber delicioso por los gestos que pusieron al primer bocado.
Se echaron a dormir un rato, solo tendrían que esperar a oír las primeras señales de los inquilinos de la cueva que les alertará de que estaban despertando.

Un grito sobrehumano los despertó, se pusieron de pie de un salto y Javier corrió hacia el hueco de la cueva, el salvaje tenía las extremidades cubiertas de sangre por el forcejeo del alambre de espino que se clavaba en su carne. Los perros también estaban empezando a despertarse y eso es lo que esperaba Javier para su acto de venganza final...De mi novela Venganza salvaje, para seguir leyendo, pulse aquí.

México está en mis canciones...

México está en mis canciones,
México dulce y cruel,
que acendra los corazones
en finas gotas de miel.

Lo tuve siempre presente
cuando hacía esta canción;
su cielo estaba en mi frente;
su tierra, en mi corazón.

México canta en la ronda
de mis canciones de amor,
y en guirnalda con la ronda
la tarde trenza su flor.

Lo conoceréis un día,
amigos de otro país:
tiene un color de alegría
y un acre sabor de anís.

Es tan fecundo, que huele
como vainilla en sazón
y es sutil! Para que vuele
basta un soplo de oración...
Lo habréis comprendido entero
cuando podáis repetir
¿Quién sabe? con el mañero
proverbio de mi país...

¿Quién sabe? Dolor, fortuna
¿Quién sabe? Fortuna, amor
¿Quién sabe? dirá la cuna.
¿Quién sabe? el enterrador...

En la duda arcana y terca,
México quiere inquirir:
un disco de horror lo cerca...
¿Cómo será el porvenir?

El porvenir! no lo espera
prefiere, mientras, cantar,
que toda la vida entera
es una gota en el mar.

Una gota pequeñita
que cabe en el corazón:
Dios la pone, Dios la quita...
Cantemos nuestra canción.


























Jaime Mario Torres Bodet (Ciudad de México, 17 de abril de 1902 13 de mayo de 1974), también conocido como Celuloide,​ Sube y Baja y Marcial Rojas (seudónimo compartido con Bernardo Ortiz de Montellano). Fue un diplomático, funcionario público, escritor, ensayista y poeta mexicano...Para saber mas pulse aquí.

De vuelta a la aldea...

Al comienzo de la primavera, la pareja ponía rumbo de nuevo a la aldea, dos mulas  lo acompañaban cargadas de cuanto necesitaban para cumplir los planes que habían trazado. En el pueblo no mencionaron nada de lo que había pasado en la aldea, la venganza era solo suya y no quería intromisiones de alguaciles o curiosos.

Aparentemente todo estaba igual cuando llegaron, pero al entrar en una de las chozas, tres hombres descuartizados y a medio devorar, estaban tendidos muy cerca unos de otros en el suelo con las cámaras de sus escopetas vacías y cartuchos por el suelo.
La choza estaba plagada de ratas, pusieron una jaula delante,  echaron antorchas dentro para que salieran y todas quedaron atrapadas. Las metieron en un saco…serian útiles.
No había signo de más intrusos por los alrededores y se llevaron los cuerpos al cementerio para enterrarlos en otra fosa común. Sobre la cruz pusieron un tres y ese fue todo su epitafio. Pronunciaron una breve oración y se encaminaron a su choza.

Descargaron las mulas y ordenaron dentro todo lo que traían, la dinamita era abundante, tabletas prensadas con hojas de adormidera, otras raíces y setas venenosas  que producía alucinaciones y desequilibrio, un pico y una pala, grandes clavos de hierro, una maza de hierro, un rollo completo de alambre de espinos que desenrollaron y cortaron aproximadamente en trozos de diez metros, una gran cantidad de carne de burro sin huesos y munición para las escopetas…casi todos los comestibles que trajeron, eran a base de embutidos, carnes y pescado seco y latas en conserva, no podían dedicarse a ir de caza porque lo querían tener todo preparado para el día siguiente.

Cargaron las tres escopetas que pusieron junto a la mesa donde se iban a sentar a comer, se había hecho tarde, eran las diecisiete horas y en dos más empezaría a oscurecer.

Los hombres que habían encontrado, parecían llevar varia semanas muertos y no creían que esas bestias estuvieran cerca de la aldea con tanto tiempo sin aparecer nadie por allí,
La comida transcurrió sin ninguna sorpresa y al hacerse de noche se acostaron, querían levantarse muy temprano, a las tres de la mañana cargaron las mulas y se pusieron rumbo a la cueva, por un camino distinto al que tomaron la última vez.

Iban subidos sobre la carga de las mulas, los animales llevaban un buen paso y por la tarde a las seis, divisaban la cueva a lo lejos, por el momento no se querían acercar más, necesitaban antes de intentar cumplir los planes, confirmar que estaban dentro.

La luz del día se disipaba lentamente para dar paso a una hermosa luna que les permitía ver sus alrededores, se sentaron a cenar, queso de oveja, carne salada y un trozo de jamón de cerdo curado, bebieron de la bota vino con moderación, para no embotar sus sentidos y permanecer alerta ante cualquier peligro.
Con las escopetas cargadas y dispuestas a su lado, decidieron dormir por turnos de dos horas cada uno para permanecer en cada momento vigilante.

Por tres días se quedaron en el mismo sito vigilando la cueva sin que notaran la presencia del hombre o los animales, al amanecer del cuarto día los ladridos de los perros le alertaron, los vio entrar en la cueva e inmediatamente se pusieron en marcha.

Javier llegó por encima de la cueva con una mochila cargada de explosivos, encendió la mecha y la tiró a la entrada, se desprendió toda la roca de encima tapando la salida de la cueva, la bóveda era poco gruesa y se escucharon ladridos y maldiciones… Lucrecia se sentó junto a él, descansemos un rato y terminemos con esta pesadilla…De mi novela Venganza salvaje, para seguir leyendo, pulse aquí.

Dos sonetos de Carlos Pellicer

Poesía, verdad, poema mío,
fuerza de amor que halló tus manos, lejos,
en un vuelo de junios pulió espejos
y halló en la luz la palidez, el frío.

Yo rebosé los cántaros del río,
paré la luz en los remansos viejos,
di órdenes a todos los reflejos;
Junio perfecto dio su poderío.

Poesía, verdad de todo sueño,
nunca he sido de ti más corto dueño
que en este amor en cuyas nubes muero.

Huye de mí, conviérteme en tu olvido,
en el tiempo imposible, en el primero
de todos los recuerdos del olvido.
Éramos la materia de los cielos
que en círculos inútiles perece
sin dar el fuego cósmico que crece
sino apenas el ritmo de sus vuelos.

Energía de idénticos anhelos
que aleja y avecina y que los mece,
juntó en choque de fuerzas luz que acrece
la sombra en tierra de sus hondos cielos.

Y buscándome en ambos nuestra suerte
fluyó hacia tu esbeltez la fuerza fuerte
que al fin su espacio halló propio y profundo.

Salgo de ti y estoy en tu tristeza,
sales de mí y estás en tu belleza.
Las estrellas nos ven: ya hay otro mundo.
























Carlos Pellicer Cámara (San Juan Bautista (hoy Villahermosa), Tabasco, México; 16 de enero de 1897 - Ciudad de México; 16 de febrero de 1977) fue un escritor, poeta, museógrafo y político mexicano...Para saber mas pulse aquí.

El cementerio crece...


En las chozas había mujeres y niños desmembrados, la sangre cubría parte del piso de tierra, pero no se habían comido ninguno de los restos, el mensaje les llegó claro a todos, era una advertencia y una cruel carnicería. Lucrecia lloraba sin disimulo, Javier lloraba y cada hombre lloraba como un chiquillo, aquella barbaridad superaba a todo lo que hubieran pensado. Después del shock inicial, Lucrecia les pidió calma y que los más importante era fortalecer el sitio para pasar la noche. Tomaron piedras planas de pizarra que abundaba en la zona para hacer una barricada frente a la campana, acumularon una gran cantidad de leña a la que prendieron fuego y tres hombres con escopetas permanecerían despiertos hasta que amaneciera.

Al amanecer, no había duda por los cansados ojos, que nadie había podido dormir, pero una labor era urgente, enterrar a las mujeres y los niños antes que se produjera una epidemia. Llevaron cabezas, torsos y cuerpo hacia el cementerio donde solo reposaban hasta el momento los restos de dos inquilinos, el hijo que llevaba Javier y Eva al instalarse en la aldea, que murió violado y asesinado por Fray Tomas, la pareja de Lucrecia y el mismo Fray Tomas, decapitado por Lucrecia mientras dormía.
Hicieron una fosa común para enterrar todos los restos y con una gran cruz echa de troncos de castaño, señalaron el sitio rezando por primera vez todos juntos una plegaria.

Cuando terminó la corta ceremonia, los hombres que se habían quedado sin sus mujeres y sus hijos, decidieron marcharse de la aldea, dejaron atrás todo lo que tenían para ayudar a los que se quedaban que solo eran, Lucrecia, Javier y tres buscados por la justicia que no se atrevían a moverse de ese paraje solitario y a salvo de alguaciles o cazadores de recompensas.

Se dedicaron a fortalecer las chozas y colocar trampas en todo el perímetro, sobre el suelo rodeando toda la aldea, colocaron cordeles de cáñamo atados a unos pequeños palos de madera de donde pendía un par de cañas secas muy cerca una de la otra que sonarían en cuanto tocaran las cuerdas.

Contaban con las tres escopetas y tenían víveres que dejaron los que se marcharon para pasar una corta temporada sin tener que salir a cazar, en los pequeños huertos también tenían existencias de temporada y eso les daba cierta tranquilidad en cuanto a subsistencia, pero el peligro potencial sabía que estaba acechando continuamente en las proximidades, un peligro que había que tomarse en serio si querían seguir con vida.

Lucrecia rondaba los cincuenta años y pese a su apergaminada piel por el sol y las inclemencias, conservaba un cuerpo aún deseable, nunca hubo entre ella y Javier un acercamiento en el sentido sexual, pero estaban viviendo juntos en la misma choza, el cariño los unió por las desgracias vividas juntos, la soledad de ambo fue propicia para un acercamiento mas intimo y descubrieron en el sexo, algo más que un apetito carnal, la primera vez que lo hicieron, lloraron los dos abrazados antes de dormirse.

Por la mañana hablaron de los planes futuros, en la aldea no se podían quedar expuestos continuamente a la amenaza potencial de esos seres nacidos de una pesadilla y decidieron abandonar la aldea…No se iban definitivamente, querían hacerse del material que necesitaba para volver a la cueva y acabar definitivamente con esos asesinos…Tomaron el camino del pueblo para cumplir sus planes…De mi novela, Venganza salvaje, para leer mas pulse aquí.

Don Luis de Gongora, sonetos.

Cual parece al romper de la mañana
aljófar blanco sobre frescas rosas,
o cual por manos hecha artificiosas
bordadura de perlas sobre grana,
               
tales de mi pastora soberana
parecían las lágrimas hermosas
sobre las dos mejillas milagrosas,
de quien mezcladas leche y sangre mana,

lanzando a vueltas de su tierno llanto
un ardiente suspiro de su pecho,
tal que el más duro canto enterneciera:

si enternecer bastara un duro canto,
mirad qué habrá con un corazón hecho,
que al llanto y al suspiro fue de cera. 
Culto jurado, si mi bella dama,
en cuyo generoso mortal manto
arde, como en cristal de templo santo,
de un limpio amor la más ilustre llama,

tu musa inspira, vivirá tu fama
sin invidiar tu noble patria a Manto,
y honrarte ha, en premio de tu dulce canto,
no de verde laurel caduca rama,

sino de estrellas inmortal corona.
Haga, pues, tu dulcísimo instrumento
bellos efectos, pues la causa es bella,

que no habrá piedra, planta, ni persona,
que suspensa no siga el tierno acento,
siendo tuya la voz, y el canto della.






















La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas» Para saber mas pulse aquí.

Acurrúcate...poema de amor

Cuando te acurrucas a mi lado
tu ternura me atraviesa
y en mi el alma y con tus besos
mil marejadas despiertas.

Tu boca como un capullo
de rosa fresca y lozana
fluye por mi pecho rendido
y cien tempestades desatas.

Yo me abandono a mi suerte
pues que suerte puede haber mejor
que con mis labios tenerte
en nuestra historia de amor.
El tiempo en mi se detiene
o es solo esa sensación
cuando mi temperatura arde
como en la mañana el sol.

No me importa que sean cursis
los versos que a ti te escribo
porque son solo para ti
cuando tus abrazos recibo.

Son besos y abrazos que das
en esas hermosas madrugadas
que los siento como un arrullo
de bandadas de palomas...
















Acurrucate crayolita

Contrastes de Navidad

Fiestas llenas de contrastes
propensas a la reflexión
si te hiciste de enemigos
otorgarles tu perdón.

Abre el corazón de nuevo
si por daño lo cerraste
tiende de nuevo tus manos
pon tu amor como estandarte.

No ignores el sufrimiento
de los seres desdichados,
con unas amables palabras
lo tendras mas consolado.
Haz un voto de nobleza
pon amor en su corazón
veras con cuanta alegría
vuelve a nacer su ilusión.

Es la alegría y el amor
de los pobres el sustento
con un poco de cariño,
nos sentimos tan contentos.

Pero seria mas justo
en honor a la verdad
le des lo que a ti te sobra...
y que tengan su  navidad.
















Con el rabo entre las piernas...

Ese último acto de crueldad, acabó con la determinación de los hombres, Lucrecia también se estaba replanteando la dramática situación, empezó a ver claro las intenciones de su hijo, por el momento eran mas y no quería una confrontación abierta, se estaba limitando a darles caza uno por uno, se quedaban sin provisiones y la alerta continua tenia a los hombres agotados, propuso volver a la aldea y salir en primavera mejor pertrechados y menos cansados.
Todos asintieron con un gran alivio en sus ojos…menos Javier que alzo la voz, no, no, noooo, estoy aquí para dar caza a ese salvaje y vengar la muerte de mi mujer y mi hija y no pienso abandonar hasta que muera el o muera yo. Lucrecia se le acercó y lo abrazo, habló aparte con él en un susurro que nadie entendió y por fin después de una corta conversación entre ambos, asintió con la cabeza…de acuerdo me iré con vosotros.

Salieron hacia la aldea en cuanto se hizo de noche, no nevaba y la visibilidad era buena bajo una luna llena luciendo en una cúpula cubierta de estrellas. Javier iba al frente y Lucrecia le seguía, los demás iban en fila india siguiendo sus pasos. Pararon a descansar en un claro libre de matorrales, se sentaron en el suelo y Javier preguntó por Salvador, el que estaba a su lado contesto que venía detrás de el, que era el último, todos se levantaron alarmados y retrocedieron unos cientos de metros hasta hallar la mochila que traía el hombre manchada de sangre en el camino.  Pero el cuerpo de Salvador no aparecía, no había duda de que lo seguían y tenían que hacer algo para evitar otra muerte o no llegaría nadie vivo a la aldea.

Siguieron su camino de dos en dos y los dos últimos armados con las escopeta y cartuchos de postas para la caza mayor, la marcha era lenta por que andaban de lado o de espalda a cada momento, por lo que se hacía fatigosa para los hombres de la retaguardia que se turnaban continuamente…un disparo alertó a todo el grupo que se paró en seco, el hombre había visto moverse algo en el lateral y disparó sin pensarlo, un grito rompió el silencio de la noche y con precaución se acercaron al lugar, Salvador aparecía boca arriba con un varios aguajero en el pecho y los ojos muy abiertos, le faltaba una mano y todos pensamos que se la arrancó forcejeando entre los colmillos de alguno de los perros, hasta que vimos su machete en la otra mano y el tajo perfecto que tenia en el brazo…se la había cortado el para poder huir, seguramente lo ataron a un árbol para seguir detrás nuestra y en nuestra compañía encontró la muerte…

Fue un gran mazazo en las mentes de todos, estaban consternados y los ojos de Lucrecia brillantes por las lágrimas que quería reprimir, no era momento para debilidades y quería dar sensación de entereza, pero por dentro se sentía rota, rota por el dolor, rota por la impotencia que sentía y rota por haber parido a ese hijo de puta que tantos estragos estaba causando. Pensó, tenía que haberte ahogado al nacer.

Siguieron su camino sin más incidentes hasta la aldea, fue un alivio para todos cuando la divisaron aunque algo presintieron al no ver a nadie en la puerta de ninguna de las chozas donde se quedaron las mujeres y los niños, ni el fuego que tendría que estar encendido por la noche, al acercarse vieron al vigilante con la cabeza abierta sobre un gran charco de sangre, pero eso era leve para lo que se encontraron dentro…De mi novela Venganza salvaje, para seguir leyendo pulse aquí.

Desnudos, Juan Ramón Jiménez

Hoy te diré yo 
tocándote el alma.

O, bajo los pinos, 
tu desnudez malva, 
tus pies en la tierna 
yerba con escarcha, 
tus cabellos verdes 
de estrellas mojadas.

Y tú me dirás 
huyendo: Mañana...

Levantará el gallo 
su clarín de llama, 
y la aurora plena, 
cantando entre granas, 
prenderá sus fuegos 
en las ramas blandas.
Hoy te diré yo 
tocándote el alma.

O, en el sol nacido, 
tus sienes doradas, 
los ojos inmensos 
de tu cara maga, 
evitando azules 
mis negras miradas.

Y tú me dirás 
huyendo: Mañana...

En 1891 aprueba con calificaciones de sobresaliente el examen de Primera Enseñanza en el Instituto "La Rábida" En 1899 estudia Bachillerato en el colegio de San Luis Gonzaga del Puerto de Santa María. Pulse aquí.

La sandalia del pescador...


Después de la carnicería de la aldea, volvieron sobre sus pasos a la zona de las cuevas, aún  le quedaba al hombre muchos deseos de venganza, tantas como las que tenía clavada Javier en su atormentada alma.

Estaba nevando y Amadeo se refugiaba bajo unos arbustos para vigilar a cierta distancia la entrada de la cueva y dar la voz de alarma si alguien se acercaba. Amadeo llegó un día a la aldea huyendo de un puerto pesquero donde había dado muerte al capitán de un barco atunero que había violado y arrojado a su novia por la borda, mientras el iba a tierra a realizar unas compras para el capitán. La muchacha apareció flotando cerca del barco con multitud de heridas causada por los depredadores que acechan junto a los barcos de pesca para aprovechar los restos que se lanzan por la borda.

Un marinero le señaló el cuerpo que estaban recogiendo en ese momento del mar y le dijo, esa es tu novia, el capitán la arrojo al agua después de violarla, yo mismo escuché sus gritos, pero dos de sus secuaces estaban en la puerta del camarote y no pude hacer nada para ayudarla, cuando salió a la superficie estaba ensangrentada y muerta.
Amadeo contuvo las lagrimas y no dijo nada, se marchó a beber a una taberna del puerto y estuvo allí con una capucha puesta hasta que vio entrar al capitán, fue por detrás donde este se sentó con una jarra de cerveza que pidió en el mostrador y le atravesó desde la espalda hasta el pecho el corazón con una enorme daga, le echo la cabeza hacia atrás y mirándole a los ojos le dijo…soy yo maricón, mírame mientras te mueres, cuando expiró le dio un fuerte cabezazo contra la mesa y salió corriendo.

Amadeo seguía en su labor de vigilancia creyéndose oculto bajo los matorrales, escuchó un leve ruido detrás suyo y no le dio tiempo a volver la cabeza, un machete de caza le atravesó la garganta, era la primera vez que ese carnicero mataba con un arma blanca, todas sus víctimas habían perecido de un fuerte golpe de su maza. Había dejado los perros atados lejos para poder acercarse al hombre sin levantar sospechas…
Le ató una piedra a una sandalia que le quitó, se acercó lo más que pudo a la entrada de la cueva  y la lanzó escabulléndose inmediatamente entre la vegetación…Lucrecia estaba vigilando en la entrada y no había visto nada sospechoso hasta que alzó la vista por algo que le llamó la atención y aterrizaba las sandalias del pescador a unos metros de sus asombrados ojos.

En el lado opuesto, al nordeste, había quedado otro hombre vigilando, era de origen ruso, un superviviente escapado de un campo de trabajo sentenciado a treinta años por desertor. Como buen conocedor de la nieve se encontraba perfectamente camuflado, sobre los arbusto puso su capa y la cubrió de nieve, no había persona que pudiera descubrirlo, pero los años en la naturaleza, habían hecho desarrollar el oído y olfato de su cazador al nivel de los animales, el hombre no vio a su atacante, el follaje y la capa que lo cubría cayo sobre el aplastado por una placa de pizarra de más de cincuenta kilos que le había dejado fuera de combate. Consciente aún y con la cabeza fuera de su improvisado refugio, vio llegar su muerte cuando el salvaje le cogió por los pelos, le clavó la daga en el cuello y con la maza dio un severo golpe sobre la daga que hizo desprenderse la cabeza de su tronco…fue de nuevo hasta tener a tiro la entrada de la cueva y con su fuerte brazo lanzó la cabeza .cayendo en la misma entrada, los ojos abiertos miraban al interior y un Javier estremecido, miraba los ojos del ruso…De mi novela Venganza salvaje...

A un triunfador, soneto

Haz grabar en tu arco de austera arquitectura,
Triunfador, una fila de bárbaros vencidos,
Una flota cautiva, jefes al yugo uncidos,
Espolones y proas, y trozos de armadura.

Y bien de Anco desciendas o de familia oscura,
Queden tu nombre ilustre y hechos esclarecidos
En los bajorrelieves hondamente esculpidos,
Para que así, tu fama, pase a la edad futura.

El Tiempo ya ha blandido su arma fatal. ¿O esperas
Que eternamente vivan hazañas pasajeras?
La yedra vil, trofeos cubre en que el hombre fía.

Y en pedazos de mármol, en donde tu radiante
Gloria la yedra oculta, tal vez su hoz cortante
Un segador de Samnio verá mellada un día.
Bajo un azul de triunfo que un sol ardiente dora,
Blanquea el río oscuro la trirreme de plata,
Y aromas de incensario por la orilla desata,
Rumor de seda y música de flauta arrulladora.

En la proa radiante que el gavilán decora,
Cleopatra, inclinándose, las pupilas dilata,
Y ante el sol, y entre el brillo del dosel escarlata,
Es gran pájaro de oro que su presa avizora.

Tarso, allá, do el guerrero la aguarda desarmado;
Y abre la bruna Reina, en el aire encantado,
Los brazos, do la púrpura pone róseos fulgores;

Y a su lado no ha visto, presagios de su suerte,
Que en el agua sombría van deshojando flores
Los gemelos divinos, el Amor y la Muerte.
































Ismael Enrique Arciniegas (Curití, Santander, 2 de enero de 1865 - Bogotá, 23 de enero de 1938) poeta colombiano cuyo estilo se encuentra en la transición del romanticismo al modernismo. Está considerado como el precursor del florecimiento intelectual santandereano...Para saber más pulse aquí.

En Navidad, un poco de humanidad...

Estamos en una era de la civilización muy avanzada, el hombre se afana en la conquista del espacio y reflexionando sobre la conquista mas importante que no se acomete, esta la conquista de la humanidad...

El reto mas importante que tiene esta humanidad nuestra, no esta en el espacio o las profundidades del mar, esta en nuestro interior, está en que esa palabra con mayúscula; HUMANIDAD, terminemos por ser dignos de ella.

El ser humanos... conlleva responsabilidades serias con nuestros semejantes, no tolerar el abuso en ningún sentido, la explotación de menores, el racismo o la xenofobia, la violencia doméstica, el abuso de poder y una lista interminable de los males de nuestra sociedad...

A pesar de todos los males que padecemos, yo tengo mucha fe en el futuro de la humanidad, se que en algún lugar de ese futuro, sabremos respetarnos como personas con nuestras diferencias, aceptaremos las creencias religiosas y políticas de nuestros hermanos de todo el mundo, y se que ese día llegará cuando todos nosotros veamos en el prójimo el reflejo de nosotros mismos.

Nunca queremos salir dañados, nos queremos y nuestro propio sufrimiento no lo aceptamos, veamos a esos hermanos del mundo, como si fueran parte de nuestra propia entidad indivisible, el día que podamos sentir eso por nuestros semejantes, no habrá explotación infantil, obrera, o de cualquier tipo a nivel estatal de los diferentes mandatarios de las naciones o corporaciones empresariales.

Tenemos una ardua tarea por delante antes de colgarnos la medalla con honor de ese calificativo de humanos...

Aparte de todos los buenos deseos que en estas fechas se acumulan en el corazón,apliquemos una actitud positiva, empezando por nuestra propia conducta hacia los demás, para modificar la mentalidad y el comportamiento.

Con el tiempo, nuestra propia evolución, nos llevara a lucir con verdadero orgullo el apelativo de HUMANOS..

Con ese deseo en mi corazón, celebraré esta Navidad con todos los hermanos del mundo...

Feliz Navidad para todos....

Bola de cristal de Navidad

Tengo en mi corazón una bola de cristal llena de luciérnagas,
durante el año, suelo sacarla cuando el peso del mundo oprime mi alma,
las observo y las noticias de la injusticia, malos tratos, guerras y hambre,
se esfuman de mi mente y mi mundo se transforma por encanto.

El peso de la sinrazón humana, que viaja en el tren de la intolerancia,
con los ojos cerrados al sufrimiento ajeno, mirando el centro de su egocentrismo,
desaparece al contemplarlas, dando paso al mundo de mis sueños,
donde cada una de mis luciérnagas que encarnan un alma humana,
no sufren los males de la humanidad.

La vida que me presenta cada alma, vive en un mundo de felicidad perpetua,
no hay cárceles en este mundo tan especial carente de delitos,
jamás un niño fue maltratado o sometidos a vejaciones o abusos,
en donde cada una de mis luciérnagas, carecen de hambre o enfermedad
y el fantasma de la guerra definitiva y la muerte, desapareció para siempre.

Hoy con la cercanía de la Navidad, saqué de nuevo mi bola de cristal
y pude sentirme realmente feliz, al contemplar de nuevo mis luciérnagas
y poder soñar despierto, en la mas maravillosa fantasía de mi vida.

Una marcha peligrosa...


Corría el mes de octubre de 1932, cuando la comitiva puso rumbo al interior de la sierra que aparecía ya nevada, Lucrecia era la única mujer del grupo y tenía razones poderosas, ella era la madre de esa bestia que nunca tuvo que haber nacido, puso solo una condición, nadie excepto ella podía dar muerte a ese ser,…ella se encargaría de eso. Conduciría al grupo hasta la cueva donde dejó a su hijo. Solo Javier y Eva, sabían que Lucrecia era su madre.

La cueva estaba a más de un día de dura caminata con tiempo bueno, pero las circunstancias eran muy adversa por una sierra sin caminos y nevada, no cesaba de caer el agua nieve que le impedía la visibilidad y dejaban sus manos, pies y rostros entumecidos, tuvieron que hacer varias paradas para descansar y calentarse.
Antes del anochecer, comprobaron en una cueva y la encontraron vacía, en esa cueva solía invernar un oso pardo…era amplia y se instalaron en ella para pasar la noche, un generoso fuego los mantendría calientes y a salvo de animales.

Los despertó temprano una exclamación en el exterior de la cueva, Mierda, ¿quién pudo hacer esto? , el asno que llevaba las provisiones, aparecía descuartizado como si unos cuantos osos los hubiera atacado.
Todo el tronco del árbol donde estaba amarrado, aparecía cubierto de sangre, se notaba en el rostro de la gente la preocupación y el miedo, uno sentenció…si hicieron esta barbaridad en completo silencio, podían haber acabado con todos nosotros…

Lucrecia pidió calma y la necesidad de seguir con la misión, indispensable para la seguridad de todos en la aldea y su tranquilidad. Tomaron un rápido y frugal desayuno y se pusieron en marcha de nuevo bajo una intensa nevada.

El día fue durísimo para todos, no estaban suficientemente preparados para el intenso frío y esa cantidad de nieve que les dificultaba cada paso que daban, aunque tomaron toda la ropa de abrigo que había en la aldea, eran gente muy pobre que carecían de muchas cosas básicas…pero su determinación en la empresa que tenían por delante, les armó de valor para llevarla hasta el final. Descansaron solo una vez a las tres de la tarde para tomar alimentos y enseguida se pusieron de nuevo en marcha.

La nieve les dio una tregua y consiguieron llevar un ritmo más rápido aunque siempre mermado por los treinta centímetros de nieve que había bajo sus pies. A las seis de la tarde, advirtió Lucrecia que la cueva ya no estaba muy lejos y se pararían a descansar, la sierra estaba plagada de cuevas y guaridas muchas abandonada y en una de ellas que parecía todo lo confortable que una guarida puede ser, se dispusieron a cenar y a pasar la noche.

Por la mañana se despertaron sin ningún contratiempo…aunque eso se truncó cuando Andrés el carpintero que se había echado a dormir a la entrada de la cueva para vigilar, había desaparecido sin dejar rastro,  no había signos de violencia ni manchas de sangre pero Andrés no aparecía por ningún sitio…De mi novela Venganza Salvaje, para seguir leyendo pulse aquí.

Desnudo...

Su cuerpo resonaba en el espejo
vertebrado en imágenes distantes,
uno y múltiple, espeso, de reflejo
reverso ahora de inmediato antes.

Entraba de anterior huida al dejo
de sí mismo, en retornos palpitantes,
retenido, disperso, al entrecejo
de dos voces, dos ojos, dos instantes.

Toda su ausencia estaba en su presencia
dilatada hasta el próximo asidero
del comienzo inminente de otra ausencia,

rumbo intacto de espacio sin sendero
al inmóvil azar de su querencia,
estatua de su cuerpo venidero.

Mariano Brull Caballero (24 de febrero de 1891- 8 de junio de 1956) fue un poeta cubano por lo general asociado con el movimiento simbolista francés...Para saber mas pulse aquí.
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